16 jun. 2009

Una vez alguien me dijo que el deseo no tiene límites, que una vida no tiene precio, que el tiempo no se para, que los relojes giran sin pedirle permiso a su dueño, que nuestro corazón late deprisa, que las lágrimas caen despacio. Que todo esto se multiplica cuando alguien aparece en tu vida, que el deseo se convierte en fuego cuando la mano amada toca tu espalda, que la vida no tiene precio pero a veces la vendemos a quien nos acompaña tan solo por una caricia, es cierto que el tiempo no se para, y que cuando más despacio intentamos que vaya más rápido van las agujas del reloj. Que un beso aceleraba aún más los latidos y es cierto que un beso tuyo hace que mi corazón vaya tan rápido que puedo sentir el viento recorriendo todas y cada una de las partes de mi cuerpo. Es cierto que un escalofrío recorre mi cuerpo cuando te busco y no te encuentro, es cierto que algo me impulsa a abrazarte y a desear que el tiempo se detenga, es cierto que tengo ansias de tus buenos días, pero tengo miedo a tus buenas noches. Quizás todo sea una exageración, quizás todo sea una mentira que alguna vez todos construimos para sentirnos mejor y no caminar solos. Quizás eso que siento cuando no llegas ese miedo a no volver a verte, quizás sea miedo a que tus ojos empiecen a cerrarse y no se abran nunca más para volver a mirarme, miedo a que tus besos desaparezcan, a que tus abrazostan solo aparezcan en mis sueños, pero cuando apareces todo eso se vá, entonces las esperanzas y las ansias de vos vuelven, y es en ese momento cuando los te quiero afloran, cuando los sueños se convierten en realidad, cuando todos mis miedos quedan reducidos en simples pesadillas. Una vez alguien me dijo que el amor no existía, que es tan solo es una utopía; pero también una vez alguien me dijo que de esa utopía es la que sacamos ganas de vivir.